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El elefante en la habitación
El elefante en la habitación
Sugestión masiva postraumática VS. Naturalización de la marginalidad.
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México solidario se ha volcado a la asistencia de nuestros hermanos víctimas del sismo. #FuerzaMexico y otros hashtag dan fe de esto. 

El evento ha sido trágico, en cuestión de tres minutos la vida de muchos cambio radicalmente. Pero estamos ahí para apoyar y salir adelante juntos ¿o no? 

Empero ... esto explica que podemos estar destinados al fracaso si no aprendemos la lección, pero no sobre la contingencia de desastres naturales, sino sobre la naturalización de la marginalidad. 

 Al momento los daños rebasan los 3,000 mdd para los que "tenían algo", son casi 400 personas fallecidas y más de 10 mil lesionados. 

El shock de lo vivido nos sacó de nuestra zona de confort. Nos llevó a las calles, nos puso a sumar voluntades, superar diferencias y salir adelante juntos; nos mostramos civilizados y solidarios. Cuándo un evento natural en 3 minutos sacude consciencias y en la calle hay destrucción, se empieza a desarrollar un síndrome psicológico denominado "Sugestión masiva postraumática". 

El miedo, el nerviosismo, la preocupación por los seres queridos determinan nuestros pensamientos y comportamientos. Ayudamos al afectado, le tendemos nuestra ayuda incondicional sin importar que seamos desconocidos. Nos identificamos con el dolor y sufrimiento, nos sumamos a mitigarlo. 

Este síndrome dura al rededor de tres semanas. Después regresamos a nuestra realidad cotidiana, a lo que hemos naturalizado por verlo de manera rutinaria. Un sismo y su destrucción no es cotidiano, por lo tanto es más sugestivo. ¿Por qué ser solidarios en cada sismo solamente? ¿Por qué las empresas "comprometidas con los mexicanos" no se solidarizan con nuestro progreso sin necesidad de sismo?

 Actualmente hay 60 millones de personas en nuestro país que sólo comen una vez al día. Está única ingesta por lo general oscila 800 calorías, menos de la mitad requerida; esto se llama pobreza alimentaria. Pero es cotidiana y no requiere nuestra "Sugestión masiva postraumática", incluso puede aumentar poco más del 3% anual y no es alarmante. 

Es curioso saber que la tasa anual de aumento de pobreza alimentaria es equivalente a la tasa anual de inflación (4%). Nos hemos dado la mano con los que ha causa del sismo tenían algo y lo han perdido, patrimonio, familia, futuro. No así con los que nunca han tenido nada, 60 millones de personas en pobreza alimentaria es un realidad más que naturalizada, es vista como algo normal. Pasa diario y no disminuye, al contrario, aumenta. 

 El sismo nos ha puesto de duelo, hay casi 400 personas fallecidas. El hambre "mata" en nuestro país a casi 500 personas cada año pero está naturalizada. Gran diferencia ¿no? El sismo ha quitado su patrimonio, familia y futuro a casi 50 mil personas, esto ha bordeado nuestras lágrimas. La desnutrición en nuestro país arrebata patrimonio, familia y futuro a más de (cifra austera si consideramos que es la oficial) 100 mil personas cada año, lo doble que el sismo. 

 El sismo ha representado sacar lo mejor que tenemos como mexicanos porqué ha apelado a nuestra mente con una "Sugestión masiva postraumática" que ha golpeado duro nuestras entrañas. El hambre no, y aunque asesina de más personas que el sismo, está yace en la naturalización de la marginalidad, es decir es normal y no requiere que nos aglutinemos en centros de acopio. 

 El hambre, la pobreza, la marginalidad, no son un desastre natural, son lesiones sociales que tienen nombre y apellido en su autoría. Mucho menos requieren la demanda colectiva de redistribución del 20% del recurso asignado para partidos políticos porque no nos hizo vulnerables como los 7.1 grados Richter que nos recordó nuestra fragilidad humana. 

Muchas gracias mi México lindo y querido por todas sus muestras de amor: ya vimos que si queremos lo podemos lograr, pero en el fondo debemos saber que estamos sugestionados ante lo que no es común... No somos tan fuertes ni solidarios como parecemos, por lo menos ante la pobreza y personas fallecidas por hambre, que cada año suman cifras más altas que las del sismo del pasado 19-S. 

Sólo somos vulnerables psicológicamente ante las desgracias y eso nos puede destinar al fracaso como sociedad si no aprendemos la lección de fondo. Nos preocupamos por los que lo han perdido todo pero ¿qué tal por lo que nunca han tenido nada?


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