Periodismo social, político y de investigación.
El elefante en la habitación
El elefante en la habitación
Consume democracia: La consciencia limitada como una forma de esclavitud.
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 “Ellos entendieron que era más sencillo crear consumidores que someter a esclavos” Chomsky lo resumió así, tajante, como a veces solía ser cuando mucho se había dicho sobre algo. 

Los partidos políticos recurren a vender productos, no servicios de bien común. Materializan de forma burda la esperanza, la honestidad, la integridad, la pobreza, la delincuencia como productos para controlar a una sociedad sin el uso de la fuerza, pero sí con el miedo no expuesto, de ese que es inconsciente pero más peligroso. 

De una forma profesional en sus campañas publicitarias brindan esperanza y felicidad cómo productos y fines, nunca logran explicar sin “cantinflear” cómo lo van a lograr. Ya ni pensar que lo hagan a través de propuestas enmarcadas con metodología científica.

A ningún político mexicano se le dá eso de la ciencia, le tienen miedo por no decir pavor, y algunos ni saben que es. Si no es a la fuerza, entonces con playeras, gorras o conmiseraciones. Pero igual y puede ser con hambre, $1,000.00 pesos, programas sociales o cualquier otro tipo de “corruptela”, al final la meta es clara: ganar la elección. 

Y, aunque nuestra sociedad está cada vez más informada, es más crítica y más selectiva, aún tiene precio. No importa si son mil pesos o un millón, aún tiene precio. Y para tristeza de nuestro futuro, esto el dinero, no es más que una sentencia de muerte lenta (echen un vistazo a su alrededor). 

Los tiempos modernos no son para esclavos pero sí para consumidores; porque es la respuesta a encontrar nuevos modelos de controlar a la gente. 

El mejor medio de someter a las masas no es a través de un grillete, sino ahora es a través de “hacerlos conscientes” de sus limitaciones y de su infelicidad, con el propósito de hacerlos aspirar a ser mejores, e incluso felices. Igual es hacerlos sentir más seguros en este país de 12mil muertes dolosas cada año; el segundo a nivel mundial, sólo por detrás de Siria, país en franco combate bélico. Una característica del consumidor es CREER que necesita algo para después comprarlo. 

O sea, la publicidad consiste en venderle a alguien algo que realmente no necesita, por ejemplo buscan la mejor manera de vender a un inepto y corrupto. Algo así como aquel chiste de que, todo político aspira a convertirse en Mickey Mouse, ser tan encantador que la gente se olvide que es una rata. 

De esto trata la publicidad en tiempo de elecciones. Usan nuevos modelos de violencia psicológica como una forma de atraer “conciencias” y vender/promover el voto. 

Estos nuevos modelos de violencia psicológica son finos, sutiles, casi imperceptibles. De hecho no parece violencia psicológica. Pero casi nos obligan a ir a votar y pueden incitar que el no hacerlo es antipatriótico (violencia psicológica), sin importar que votando o no votando los indicadores de pobreza o violencia seguirán sin disminuir. 

El voto visto de forma cruda y descarnada no es más que maquillaje en el rostro hipócrita de una fallida democracia. La violencia psicológica somete, oculta información, no es dramática y avanza lentamente, como cuando el depredador acecha a la presa: la mayoría estaremos desprevenidos y, frágiles y vulnerables, es muy probable que nuestra intención de voto cambie en 20 segundos de duración de un spot altamente emocional. 

Ojo, que si no votamos seremos antipatriotas, y si no maquillamos nuestra decadencia a través del sufragio, no seremos parte de la solución sino del problema (sarcasmo). Está violencia psicológica será defendida por muchos defensores del discurso oficial, que sin saberlo, son consumidores de la democracia mercantilista y del estado de derecho fallido, por lo menos en resultados. 

En el fondo, con ir a votar no estamos arreglando nada y solo estamos consumiendo algo que no necesitamos: soluciones mágicas proveídas por el político de su preferencia. La consciencia limitada es una decana forma de esclavitud. “Consume democracia”, es un nuevo eslogan. 

Otros pueden ser: “Consume sufragio efectivo, no reelección” a pesar de que hay políticos que han tenido su nómina por más de 30 años del erario público, y se exacerban diciendo “Yo soy el cambio”. ¿Quién tendrá un perfil más consumista de nuestra supuesta democracia? ¿una persona con la necesidad de salir de su pobreza o una persona económicamente estable; una persona que ha sufrido la inseguridad o una que no ha sido víctima de la delincuencia? 

Mucho del trabajo para generar consumidores de nuestra supuesta democracia será vender la ilusión de esperanza, de seguridad, de aspirar a una vida mejor, a una sociedad mejor, y por qué no la ilusión de poder ser felices en medio de tanta desgracia (y desgraciado). Alguien que se siente completo o satisfecho seguramente no “Consume democracia”, de suerte tal que a los productores de la democracia no les conviene que sus ciudadanos se sientan satisfechos… o sea, que muy probablemente los productores de la democracia también sean los productores de la pobreza, inseguridad, ignorancia, miedo, etc. 

La “realidad” ha encontrado la forma precisa de hacernos sentir más inseguros, más infelices, más frustrados, y con mayor cantidad de vacíos. Pero esta supuesta realidad en términos políticos, no ha sido más que el resultado de políticas públicas de aquellos que pedían el voto para para solucionar estos mismos problemas hace años, hace décadas. 

Este “sistema” de manera sutil nos vende las soluciones a los problemas que ellos mismos crearon. Han logrado que los “productores de la democracia” hagan sentir a los “consumidores de democracia” cómo parte de la solución si compran sus productos. “Hoy más que nunca, tenemos la solución de cambiar a nuestro país a través de elegir a nuestros gobernantes” es un discurso apologético que escucharemos hasta el cansancio, y no es más que tratar de sentir a la gente un vacío tan profundo y sutil que la solución sea irremediablemente consumir democracia. 

No necesitamos que haya candidatos que nos finjan honestidad y soluciones pero creemos que sí lo necesitamos, y muchos matarán por consumir democracia. Antipatriota eres so no consumes democracia (sarcasmo). 

Podemos sentenciar que a mayor cantidad de problemas es muy probable que haya mayor cantidad de consumo de democracia. ¿Si un candidato quiere manipular a sus votantes no será más fácil a través de recordarles sus problemas? Una sociedad insegura es más gobernable. Consume democracia para reafirmar la tesis de que una consciencia limitada es una forma de esclavitud.




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