Periodismo social, político y de investigación.
Politica y políticos sin identidad
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Ya enfilados a la sucesión presidencial del 2018, este proceso ha iniciado con el cierre del periodo de ajustes legislativos aplicables al mismo, seguido de la apertura al lapso de inscripción para un posterior registro de las candidaturas independientes de tipo federal. Acaso lo notable de esta última cuestión sea el gran número de ciudadanos interesados en desempeñar este papel para el caso de la presidencia de la república, figura de reciente auge en nuestra democracia. Otro aspecto destacado que ofrece esta elección federal es la presencia notablemente desdibujada de los partidos políticos, en cuanto a lo que debiera ser su esencia o doctrina fundamental, al perecer a causa del descarnado deseo de poder que no pueden ocultar. Si bien la doctrina política de los partidos se plasma en su respectiva declaración de principios y en sus estatutos, no existe nada que impida omitir la esencia de los mismos cuando se trata de realizar alianzas pragmáticas derivadas de la cruda ansia de poder, con sus derivados de tipo presupuestal y la posibilidad de realizar negocios derivados del mismo. A nadie extraña que el PRI haya efectuado modificaciones en sus documentos básicos a efecto de eliminar los candados que existían para impedir candidaturas a personas sin afiliación al partido, para disponer de la posibilidad de postular como candidato presidencial a funcionarios peñistas aun no tocados con escándalos de corrupción, de corte tecnocrático y escaso desempeño fuera de su campo de acción. No es extraño, se puede insistir, pues recordando su origen, tal partido al inicio fue un aglomerado de caudillos y corrientes que se reconocían a sí mismos como sobrevivientes de la revolución de 1910, que habían luchado entre ellos para también hacerse del poder y que cualquier diferendo en tal disputa se zanjaba con la sangre de los homicidios y la represión. Su estructura de siempre, lineal y vertical evita cualquier análisis ideológico y favorece su operación eficiente cuando cuenta con los puestos políticos y administrativos que reconocen la eficacia en atraer los votos que le mantienen en el poder, sin reparar en cuestión ética alguna. Se habla bastante de que en nuestro país los partidos tienen dueño, ya sea en la forma de personajes o familias. Lamentablemente esto es cierto en varios casos, sin embargo en el caso del PRI, tal propiedad corresponde al gobernante en turno, sea presidente de la república o gobernador de una entidad federativa. Como tal, si la estrategia gubernamental que se plantea este propietario, significa alejarse de su doctrina, sin reparo alguno su nomenklatura tácitamente se lo aprueba, respalda y hasta aplaude. Lo que extraña sobremanera es que el esquema PRI-PVEM-PANAL-PES armado para sostener al primero en el poder y mantener vigentes en cuanto a prerrogativas, presencia política y presupuestal a los demás asociados, ahora sea copiado por el engendro PAN-PRD-MC, que geométricamente se ubica en la neutralidad que resulta de sumar derecha con izquierda, doctrina eclesiástica con libertades personales de avanzada o acciones a favor del empresariado encimadas con las demandas de grupos populares. A juicio de sus promotores, el valor supremo que justifica esta claudicación ideológica grupal de todos los signos, es el cambio democrático por todos deseado, sin poder ocultar su posición contraria a la posibilidad de que tal cambio lo encabece MORENA y su candidato López Obrador. Entonces no se trata de estar a favor de algo, principalmente se refiere a estar en contra de una doctrina política y un personaje que la representa. ¿Será esta una oferta democrática seria para que valga la pena desdibujarse ideológicamente y con ello perder la reducida identidad filosófica de su actuar? Lo dudo sobremanera. VISION DE TLAXCALA El panorama de estrechez económica del momento y que se proyecta también para el próximo año, plantea cuestiones muy serias en el manejo del presupuesto gubernamental, de entrada debe sopesarse si continua siendo prioritario adaptar ampliando el actual Estadio Tlahuicole para respaldar la permanencia en la entidad de un equipo profesional de fútbol, o destinar los fondos respectivos a atender obras emergentes de reparación de espacios educativos afectados por los sismos recientes y brindar trabajos de conservación y restauración al catálogo de inmuebles que forman nuestro patrimonio arquitectónico histórico. Sobre esto último, ya se escucharon voces de los responsables de estos sitios buscando el apoyo de instancias oficiales, sin embargo resta conocer si la Confederación Episcopal Mexicana ya expresó la forma y cantidad de recursos que ofrece y si, incluso se ha pedido a la tesorería de San Pedro el apoyo respectivo.


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