Columna
Espiridion Conde Nieva
Ruin acción dicriminatoria
21/May/2018

 
Ernesto Villanueva en el semanario Proceso ha insistido en la importancia que representan las condiciones de salud de los personajes de la política, cuando acceden a puestos de representación con mermas notorias que es posible que dificulten su desempeño. 

El analista político tomaba como referentes los casos de Alonso Lujambio y Manuel Camacho Solís, pues su desempeño en el Senado de la República resultó simbólico dado lo avanzado de sus problemas oncológicos y la posición firme de los partidos que los postularon de sostenerlos en la representación parlamentaria sin llevar a ella a sus suplentes. 

Un caso semejante lo vimos en la postulación y defensa de su puesto del ex gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, que tomó largas licencias del puesto para atender sus visibles problemas de salud.

Reconociendo lo importante y a la vez delicado de tal posición, emerge el conflicto ético de que llevando al extremo dicha exigencia, nos ubiquemos en terrenos de la descalificación y la discriminación, cuando la duda de una eventual enfermedad o secuela de la misma, o bien el rebase de determinado número de años de vida se tornan en arma política, suponiendo que son suficiente razón para impedir que se asuma un puesto de elección. 

Bajo una óptica como ésta, Franklin D Roosevelt con sus visibles secuelas de poliomielitis que lo afectó ya siendo adulto, o José Mojica que se reconocía un político demasiado viejo, no hubieran sido los brillantes mandatarios de los Estados Unidos de Norteamérica y de la República oriental de Uruguay, respectivamente. 

En similar descalificación se incurrió contra Winston Churchill y pudo haberse hecho contra Mahatma Gandhi. Igualmente la misma cuestión será tema respecto a algunos monarcas y los papas de la iglesia católica que rigen hasta su muerte. 

Es pues tan escabrosa esta vía, y complejo el campo de su exploración que podemos recordar el costo que ha tenido que pagar Carmen Aristegui al inquirir de manera formal a la Presidencia de la República sobre posibles problemas de Felipe Calderón con el alcoholismo, además de la duda siempre presente respecto a la estabilidad emocional de Vicente Fox que nunca ha tenido respuesta alguna. 

Alejado de toda valoración sobre lo sensato/riesgoso que puede resultar incursionar en esta faceta de los personajes políticos, en la cara opuesta de la moneda está la ruin campaña de los que se creen enemigos de AMLO por intentar descalificar al personaje , a la vez que pretender sembrar esta inquietud entre los electores aun no convencidos y los indecisos, aduciendo serios riesgos de salud en el candidato presidencial de MORENA o señalando posibles limitantes que le impongan por cuestiones de edad. 

Rebasados los límites de la ética con toda claridad esta ruidosa y radical posición contraviene el sentido que con toda claridad expresa el último párrafo del Artículo Primero de la Constitución Política de Los Estados Unidos Mexicanos. 

Corresponde a las autoridades electorales poner alto a esta corriente, máxime si ésta se inició en la cuenta personal del vocero oficial de la campaña del señor Meade y ha tenido eco en la posición asumida por el secretario general del PRD, en un concierto inusitado de patanería.
 
 
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