Crónicas de una Inquilina
Ilka Oliva Corado.
Es más fácil odiar a Trump
04/Jun/2018

 
Para junio de 2014, Obama anunció una crisis migratoria en la frontera sur, esa crisis dijo que era la alarmante migración masiva de niños y adolescentes que viajaban solos sin compañía de un adulto, algo a lo que él llamó: no acompañados. 

Salió con su capa de superhéroe al estilo hollywoodense y los medios lo secundaron y propagaron la noticia en un santiamén, el buen samaritano se humanizaba con los migrantes centroamericanos. 

Eso fue lo que dejó plasmado en el imaginario colectivo, sedado por la mediatización. Curioso, solo con los centroamericanos, en esa crisis no contaban los niños que viajaban solos desde México y el resto de Suramérica y de otras partes del mundo que llegan a Estados Unidos vía Latinoamérica. 

Para ese mismo mes, siempre en la línea samaritana, anunció la creación del Programa de Procesamiento de Refugiados para Menores Centroamericanos (CAM, por su sigla en inglés) que sería para darles asistencia legal en el país y refugio, el programa sería desarrollado por la Corporación de Servicio Comunitario (Corporation for National and Community Service) -CNCS- y el Departamento de Justicia (DOJ), a través de la Oficina de Revisión de Casos de Inmigración (EOIR). 

Dijo, también, dándose golpes en el pecho, que pondría todo de su parte para que cambiara la situación en Centroamérica, mientras hablaba de violencia (jamás, por supuesto, de la que ejerce Estados Unidos y los gobiernos neoliberales en Centroamérica) ejercida por las maras y bandas delictivas (que por supuesto, no son las que pululan en los gobiernos del triángulo norte de Centroamérica y México).

Los medios de comunicación en español en Estados Unidos, se empacharon presentando reportajes sobre niños migrantes que viajaban solos, periodistas de renombre fueron enviados al río Bravo a mojarse los pies mientras iban vestidos y preparados para cubrir una guerra sin cuartel. 

Así es como ven a los niños migrantes, como el enemigo a entrevistar. Aquella burla fue premiada, como se premian siempre las puñaladas por la espalda. Mientras Obama encerraba como en gallinero a los niños que llegaban a Estados Unidos sin compañía de un adulto, Hillary Clinton proponía que fueran deportados inmediatamente y que no se les abriera proceso alguno de legalización en el país. Finalmente se establecen desde el río Bravo, hasta Honduras el Plan Frontera Sur, el Maya Chortí, el Plan Alianza para la Prosperidad y se renueva el Plan Mérida, con los que logra militarizar la región y “exige” a los gobiernos declarar la guerra a los cárteles en el tráfico de drogas, armas y seres humanos. 

Con esto los gobiernos neoliberales tienen carta abierta para asesinar ciudadanos, ejercer como en la época de las dictaduras; las desapariciones forzadas, las torturas y las masacres. Convirtiendo a México en una enorme fosa clandestina que guarda en sus entrañas el genocidio migrante. 

Una vez establecidos estos programas, desde Estados Unidos comienzan a deportar masivamente a estos niños y adolescentes que fueron utilizados como emergencia migratoria. 

Estas deportaciones masivas no fueron cubiertas por los medios de comunicación y no hubo periodista denunciando la bajeza de Obama y su administración.

La comunidad latinoamericana se enteró de la finalización de este programa hasta que Trump lo anuncia en el 2017, entonces sí, volvió la prensa solapadora de Obama y Hillary Clinton a atacar a Trump y a colocarlo como el malvado de la película. 

Cuando callaron y solaparon las deportaciones masivas de estos niños, propuesta de Hillary Clinton. 

Retrocedamos un poquito en el tiempo, vayámonos a marzo del 2011, cuando el catrín y orador Obama, echó a andar el Programa Comunidades Seguras, que criminalizó a millones de indocumentados latinoamericanos, (lo mismo que están criminalizando migrantes el plan Frontera Sur y el Maya Chortí) con este programa se arreciaron las deportaciones masivas, un programa con carácter de urgencia y ordenó que se debía implementar inmediatamente y de forma obligatoria en todo el país.

Con este programa la policía tenía permiso para ejercer como agentes de inmigración y detener a cualquier persona que tuviera perfil de indocumentado: y funcionó a la perfección. 

Aquel hombre negro que como lema de propaganda utilizó la frase de Dolores Huerta “Sí, se puede” (Yes, we can) y prometió a la comunidad indocumentada una Reforma Migratoria, se lavó las manos al final de su mandato, ofreciendo un programa que compraba a los jóvenes y desechaba a los jornaleros, que son el lomo que sostiene a este país. 

Las deportaciones masivas que realizó Obama en sus dos mandatos no fueron cubiertas por los medios de comunicación en español, y la comunidad latinoamericana en el país no se pudo enterar que Obama ha sido el presidente que más indocumentados ha deportado en la historia del país. La administración Obama aterrorizó a la comunidad indocumentada, y la persiguió en restaurantes, discotecas, hospitales, paradas de bus, de tren, estadios, vía pública, y la policía racista se fue de casería y atrapaban como animales a cualquier latinoamericano que para ellos tuviera el perfil de indocumentado. Esto no lo presentaron en los medios de comunicación, como urgencia en Derechos Humanos, como sí presentaron “la crisis migratoria de niños migrantes”. 

De la era Obama, queda el recuerdo de la redada en la planta empacadora de carne en Postville, Iowa, el 12 de mayo de 2008, cuando Obama estaba recién estrenado como presidente. 

En esa redada se arrestaron 389 personas, la mayoría de ellas guatemaltecas. Obama se fue y no cumplió con la Reforma Migratoria, cuando la pudo dar por decreto, como los que firmó contra Venezuela y tantos otros países. Y se fue y dejó una burla más, el Programa de Acción Diferida para los llegados en la Infancia (DACA), que puede ser cancelado en cualquier momento por cualquier presidente del partido que sea. 

Los ilusionó y los dejó en el limbo migratorio con una protección temporal como el TPS. Si bien Trump es el ejemplo vivo de lo que somos como humanidad, y es el arquetipo del machismo, la misoginia, el racismo y el patriarcado en general, también hay que saber reconocer que fue más perverso el que prometió con labias y terminó dando más de una puñalada por la espalda a quienes le dieron su voto: Obama. 

No son justificables las palabras ni las acciones de Trump, en ningún momento ni en su política interna ni externa. Y debe ser cuestionado. Pero resulta más fácil odiar a Trump y culparlo de todos nuestros males, como humanidad, antes que vernos en un espejo y evaluar nuestros actos individuales y como comunidad. 

La administración Trump solo renovó los programas de deportaciones masivas que ya había dejado instalados Obama. 

La separación de padres e hijos migrantes que llegan a la frontera, ya se venía dando desde la administración Obama, pero eso no lo reportaron los medios de comunicación, al contrario, lo solaparon. Casualidad que hoy lo sacan a la luz con la administración Trump. 

Y no porque les importe la comunidad migrante y su salud mental y física, sino para beneficio propio. Aterrorizando a la comunidad indocumentada ellos ganan, colocando a Trump como el nefasto e inhumano también. Trump es el escaparate perfecto para que ellos laven sus culpas. 

Si bien es cierto que las palabras de Trump han envalentonado a cuanto truhán anda por la calle, también lo es que ellos siempre han actuado sin importar quién sea el presidente, sino veamos el actuar de la policía contra la comunidad afro en el gobierno de Obama, ¿y qué hizo él? Nada. 

Las políticas de la Patrulla Fronteriza son las mismas, han sido las mismas desde la administración Clinton. ¡El gran demócrata humanista y pícaro como Obama! No olvidemos que la construcción del muro en la frontera la inició Clinton y calladita la boca. 

Es más fácil conducir la cólera colectiva, el odio, el miedo, la frustración y el terror hacia el personaje Trump, antes que aceptar que todos tenemos algo de él, porque venimos de la misma naturaleza humana criada con patrones racistas, misóginos y machistas. 

Y resulta más fácil colocarlo a él como el receptor de nuestro odio colectivo, antes que aceptar nuestra doble moral y nuestra poca sensibilidad dentro y fuera de Estados Unidos.

Los migrantes indocumentados seguirán siendo el trampolín para que salten en él los opurtunistas. Pero aterrorizar a la comunidad indocumentada en Estados Unidos, como lo están haciendo los medios de comunicación, solo es cosa de viles canallas y oportunistas. No es Trump, es el sistema. Y el sistema lo hacemos todos.>
 
 
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