Columna
Espiridion Conde Nieva
¿NOS FUÍMOS LOS MÁS DUROS?
20/Ago/2018

 

Recién he intentado tocar las grandes fallas de la olvidada Reforma Financiera de 2014 y sin soltar el mecate de las llamadas reformas estructurales, esta ocasión me referiré a la educativa, no tanto por el esperado encuentro entre la profesora Gordillo y los medios de comunicación, sino por el inicio del calendario escolar 2018/19.  

De entrada debe distinguirse la inocencia de una persona frente al hecho de que las acusaciones criminales que se formularon carecieron del sustento para acreditarlas adecuadamente. Quienes conocemos los métodos porriles de la dirigencia magisterial, sabemos la dificultad existente para que desde dentro de la organización se pudiera formular cargo alguno en contra de la figura maoísta de Elba Esther.

Ubicados ya en nuestro tema, quizá mi principal ostentación a lo largo de 40 años es el haber elegido ser profesor frente a varias opciones de ocupación que en su momento se me presentaron. Es por ello que me considero defensor del quehacer educativo y un convencido de su potencial como motor del cambio en la sociedad, es pues desde cerca que deseo expresar los matices de alarma que percibo en los resultados derivados de la forma en que ahora se conduce este importante proceso.

La anécdota que da pie a este comentario surge de una actividad que complementa de vez en cuando mi gratos días de jubilado, que es asesorar a jovencitos que cursan secundaria o bachillerato que deben presentar exámenes de regularización en sus cursos de Matemáticas. 

Si bien mis casos corresponden a personitas que reflejan problemas en su asimilación de la asignatura y por ello, no se ubican en los niveles más alto de aprovechamiento, muy contrario al optimismo de las estadísticas, reflejan un desolador panorama del sistema educativo, al menos en este aspecto. 

Hace tiempo me hubiera resistido a aceptar que alguien ocupe un espacio en educación secundaria adoleciendo de habilidades para resolver una operación de división o una multiplicación de cantidades con enteros y fracciones decimales, tampoco hubiera imaginado que desconociesen el concepto del cuadrado de un número para operar en Álgebra a la raíz cuadrada como su concepto inverso. 

Comentando con los padres la problemática, ellos la ubican en los variados recursos que permiten a un estudiante alcanzar la calificación aprobatoria por medio de participaciones, presentación de tareas y supuestas investigaciones, que no siendo bien supervisadas arrojan porcentajes muy elevados de aprobación, sin que se haga patente con suficiencia y claridad el logro del conocimiento significativo. 

Compañeros con quienes he platicado refieren la batalla que deben dar en la enseñanza superior para enfrentar el océano de deficiencias en que se encuentra su alumnado, deslizando por ahí que el buen docente se valora por la autoridad de primera instancia si mantiene bajos sus índices de deserción y de reprobación; situación que abona en cierto grado una condenable burocratización de esta labor eminentemente humana.

Destinar tanto tiempo del profesorado para atender aspectos satelitales de su desempeño, al igual que cumplir con exigencias de reportes excesivos y reiterativos y  tomando en cuenta además, la exigencia de la evaluación docente para evitar el riesgo de la separación del cargo por el cese, ha impulsado a los profesores duros a solicitar su jubilación antes del tiempo en que tenían considerado retirarse, haciéndose a un lado para no abonar al desprestigio que dolorosamente empieza a dominar al sistema educativo. Sin que éste sea mi caso, debemos agradecer a Peña Nieto y a Juan Díaz de la Torre que los profesores duros nos estemos yendo.            

  

 
 
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