Entresijos de la Política
Angélica Cazarín Martínez
DISENTIR NO ES TRAICIONAR
08/Ago/2011

 

Parece que para los partidos políticos en México el disentir se convierte en deslealtad y ello se traduce en traición, pero es claro que la lealtad no tiene porque significar obediencia absoluta, en democracia la tolerancia y el debate son principios fundamentales y hasta constructivos si de ideas y proyecto político hablamos. 


Ésta es la manera más breve de explicar lo que sucede hoy al interior del PRI cuando dos de sus figuras más importantes (Manlio Fabio Beltrones y Enrique Peña Nieto) discuten cuál de ellos debe ser el candidato para la grande en este 2012, y es que hace unos días, Beltrones le advirtió a Peña: “No cuentes con mi apoyo ni como candidato ni como Presidente”, advertencia que en estos momentos de turbulencia política frente al ya muy cercano 2012, no hace más que evidenciar la unidad de mentiritas que parecía tener el PRI en relación a quien debía ya ser el ungido. 


Lo que parecen olvidar lo priístas y sobre todo Humberto Moreira presidente nacional del partido, es que en democracia pensar diferente enriquece el debate, permite madurar y evolucionar con autocríticas siempre con miras a lograr una democracia de mayor calidad que es la esperamos todos los mexicanos.


Ya no estamos en los tiempos del PRI hegemónico, donde había que unirse incondicionalmente a la postulación del candidato que decidía la nomenclatura tricolor bajo la premisa aquella acuñada por Fidel Velázquez[1] “el que se mueve no sale en la foto”, hoy México es otro, y es en el contexto del hoy que los partidos y candidatos deben fijar sus proyectos, si lo que quieren es convencer a una sociedad harta de protagonismos y abusos.


No hay riesgo mayor en una democracia que el que la ciudadanía identifique a la clase política como una casta aparte, con intereses muy distintos al de los ciudadanos a los que se supone que representan. Intereses que van evolucionando, casi insensiblemente, de políticos a partidistas y de partidistas a clientelares y de clientelares a patrimoniales.


Hoy lo menos que esperamos los mexicanos es que los partidos y sus candidatos discutan hacia adentro y hacia afuera, porqué y para qué quieren gobernar, que centren sus esfuerzos en reflexionar en el fin y que no desgasten sus batallas y nuestros impuestos en los medios para llegar, sin tener claro para qué.


            Es irónico que los partidos, actores fundamentales de la democracia, sean lo más antidemocrático que existe, porque a las élites les da prurito cuando de hacer efectiva la democracia se trata, porque aunque son la base, su operación no fue diseñada para ella.  Es tiempo de mostrar claridad, coherencia y responsabilidad, el resto vendrá por añadidura, sólo hace falta que la clase política abandone definitivamente su adolescencia turbulenta y madure si lo que quiere es legitimidad con clara gobernabilidad.  México es otro, los ciudadanos lo sabemos, ¿los políticos cuando? Un gran poder implica también, una gran responsabilidad.


 








[1] Secretario General de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) desde 1941 y hasta 1997.


 
 
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