CONTEXTOS: La UACM
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07/Sep/2012

UNIDAD DE DATOS
 




La
Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) se fundó en abril de 2001
por el jefe del DF, Andrés Manuel López Obrador; proyecto evidentemente
humanista, científico y crítico, al margen del rasero administrativo de las
instituciones educativas y de los reglamentos y procedimientos de la SEP.
Cuenta con cinco planteles y dos centros culturales: San Lorenzo Tezonco, Del
Valle, Casa Libertad, Centro Histórico y Cuautepec; Casa Talavera y Centro
Cultural Vlady, respectivamente. 



En abril de 2011, a diez años de su fundación, en la
Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) explotó el primer conflicto interuniversitario.
En el reporte de actividades de la rectora dr. Esther Orozco Orozco, se
presentó el “verdadero estado interno de la universidad”, denunció la lucha de grupos
políticos, el bajo desempeño escolar, la corrupción docente y el desvío de
recursos.



Curiosamente sus palabras encontraron eco dentro de
los programas noticiosos de Televisa. En Foro Tv, por ejemplo, el doctor Raúl
Cervantes Andrade, colaborador analista (diputado federal, abogado, consejero y
secretario general del CEN-PRI), adujo que el subsidio por cada alumno de la
UACM era de aproximadamente 80 mil pesos, total comparado con los 60 mil pesos
que “al pueblo de  México nos cuesta cada
alumno de la UNAM (…) con la diferencia de que la calidad educativa  no es la misma.” Los periodistas (otrora
encargados de programas de entretenimiento) encaminados por el “análisis” de
Cervantes concluyeron que la UACM era un instrumento político “para el
adoctrinamiento de algo a favor de alguien” y que era la fachada de actos
de corrupción; “si nada se teme, debería plantearse estatutos y reglamentos,
así como someterse a los lineamientos internacionales de calidad académica”
concluyó Cervantes apareciendo lo mismo en Foro TV y Matutino Express como en
entrevistas con Nino Canún y Joaquín López Doriga.



Por otra parte, Carlos Fazio (periodista y analista
político en asuntos político estratégicos de la región) caracterizaba el
conflicto como una disputa  de interés
político. Si la UACM nacía en 2001 contra las políticas neoliberales y la
reducción del Estado a garantizar educación pública, laica y gratuita (La
Jornada, 18 de abril de 2011) era evidente que la oposición conservadora se
hiciera presente en cualquier momento, subrayó.



La tensión en la universidad se hizo insostenible
hasta 2011. Académicos, alumnos e investigadores se dividieron en la defensa de
dos proyectos. Están quienes defendieron y defienden el proyecto popular de
educación y la construcción de la identidad de la universidad lejos de las
concepciones de la educación restringida a través de reglamentos internos,
procesos de selección por “competencia” y la tendencia educativa impuesta por
el mercado; y quienes pretenden, a través del miedo, el maniqueísmo y la
descalificación (sic), que la UACM se someta a la observancia de los preceptos
de la SEP.



Fazio enfatiza que “la UACM (es) un proyecto cultural
y de educación pública, laica, gratuita, científica, humanista, universal;
alternativo al modelo hegemónico de ´excelencia’, y comprometido con la
sociedad” (ibídem).



Por su parte, el filósofo mexico-argentino, Enrique
Dussel (famoso por la filosofía de la liberación y el diálogo con la razón
occidental hacia una ética del discurso con Otto Apel, Habermas y Gianni Vattimo,
lo cual no es poca cosa), catedrático de la UACM y de la UNAM, caracterizó a
aquella universidad como la primera universidad en América Latina con
“educación crítica, democracia estudiantil, fuera de lo preceptos educacionales
que dicta el neoliberalismo.”



La historia de los conflictos universitarios en México
está ligada a la defensa de valores y derechos humanos en función de la
autonomía universitaria. La inconformidad estudiantil legítima es el efecto, en
la mayoría de las veces, de un sistema político que tropieza en sus políticas
sociales, de educación y de cultura.



Juego entre el macrocosmos y el microcosmos: lo que
esta arriba se refleja abajo. Uno dentro de otro -como las muñecas rusas que en
sus entrañas guardan a otra muñeca semejante, y así, sugiriendo un retroceso
hasta lo infinito- en el municipio, la familia, las instituciones, los
gobiernos estatales, las empresas y universidades se convierten en pequeños
reinados con sus cortes llevando a cabo anquilosadas  prácticas de oligarquía heredable bajo
preceptos capitalistas reflejados en la SEP.



Curioso que en la Edad Media, etapa de la historia de
la razón occidental considerada oscura, se instauraran los centros de estudios
teológicos y filosóficos (siglo XIII) con pretensiones de universalizar el
conocimiento, la ciencia y la especulación filosófica y mística.



La universidad de París, de Oxford, Bolonia y,
especialmente, la escuela de Chartres, llevaron a cabo la recuperación y
reflexión del antiguo conocimiento griego poniéndolo como base y punto de
partida del Renacimiento y el desarrollo de la razón subsecuente.



La universidad medieval, réplica de la Academia de
Platón y el Liceo de Aristóteles (y demás escuelas menores), no solo impartían
conocimientos; a ellas llegaban extranjeros que hacían aún más amplia
-universal- la mirada respecto al cosmos, el misterio y el hombre; por ello, el
carácter de la universidad es estrictamente analítico y crítico desde sus
orígenes.



Los movimientos estudiantiles modernos en México,
Chile y el mundo replantean el sentido del diálogo con las autoridades y los
modos de hacer política, pero sobre la base de estas dos primeras
revaloraciones se mueven los derechos de autonomía, democracia participativa,
autodeterminación y justicia. Valores que se han acotado con el viraje de la
educación universitaria a petición irredenta del capitalismo y neoliberalismo,
cuya finalidad es preparar recursos humanos como fuerza de producción en
demanda de la transnacionales y el mercado.



Ahora, tomados los planteles de Cuautepec y Casa
Libertad, se revive el viejo conflicto entre miradas, concepciones y
filiaciones a sistemas económicos educacionales y los modos de hacer política.
Los estudiantes denuncias el turbio proceso “democrático” en la elección de los
consejeros universitarios; señalan a la rectora Esther Orozco como la encargada
de llevar a cabo el viraje, a través del control académico y estudiantil, de
los preceptos humanistas y críticos hacia una concepción de la educación
conservadora bajo el argumento de que la universidad “cuesta mucho a los
mexicanos y produce poco (…) así como la corrupción de los
docentes y el desvío de recursos.”  

 
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