Tlaxcala dentro del monstruo megalopolitano que flagela y destruye al Ozono
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Silvia Anahí Morales Meza
07/Abr/2016

MÁS VALE DATO EN MANO
 

En una información que publica el Sol de México el día de hoy se detalla que Tlaxcala se encuentra dentro del monstruo que contamina y destruya el ambiente.
Sostiene que el asunto es de terror porque solo hay que observar las cifras presentadas en el propio congreso, respecto de los seis Estados integrados en la megalópolis.

En total la Ciudad de México, el Estado de México, Tlaxcala, Puebla, Hidalgo y Morelos lanzan a la atmósfera anualmente: de PM 2.5, 42 millones 417 mil 39 toneladas; de NOx, 610 millones 581 mil 56 toneladas; SO2, 244 mil 567; de NH3, 86 millones 628 mil 74 toneladas; CO, cinco mil 287 millones 498 mil 25 toneladas.
“Vivir en la tercera aglomeración humana del mundo”, como declaró la ONU en 2012 a nuestra megaciudad, es todo un desafío”. Es un coloso.

Abarca 220 delegaciones y municipios de seis Estados y una población de 22 millones 450 mil 890 habitantes. Síntesis: apretujados y contaminados.
¿Y quién es el guapo que pone de acuerdo a las autoridades para domar al monstruo, porque todos esos Estados portan uno que otro pecado ambiental? Hasta ahora, hubo de intervenir el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, a serenar testas, ante los encontronazos entre gobernadores, por cierto aspirantes a la “Silla del Águila”.

La exigencia del ciudadano común es que los gobernantes desciendan unos escalones desde sus egos, además de que se avance en el reto que, como dijo la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), es “el cambio de paradigma de la gestión de la calidad del aire contra gestión integrada de la calidad del aire”

Hay vidas de por medio. De acuerdo al Quinto Congreso Nacional de Investigación en Cambio Climático, del Instituto Politécnico Nacional, efectuado en octubre de 2015, hay que observar con detenimiento lo que respiramos y sus consecuentes efectos en la salud.

Estos son los principales contaminantes del aire:
Bióxido de azufre: irritación de vías respiratorias, agravamiento de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Dióxido de nitrógeno: irritación de vías respiratorias, reduce la resistencia a enfermedades respiratorias como la influenza, en altas concentraciones puede provocar bronquitis y pulmonía.
Ozono: irritación de vías respiratorias, reducción de función pulmonar, agravamiento de asma, inflamación de las células que recubren los pulmones, agrava enfermedades pulmonares crónicas.

Partículas suspendidas: agravamiento de asma y enfermedades respiratorias y cardiovasculares, daño a tejido pulmonar, cáncer y muerte prematura. Suficiente evidencia de incremento en riesgo de morbilidad y mortalidad.
Plomo: anemia, enfermedades del hígado, desórdenes reproductivos, daños neurológicos, alta presión sanguínea y enfermedades del corazón, daños en el sistema nervioso central, retraso en el aprendizaje y alteraciones en la conducta.
Monóxido de Carbono: inhibe el transporte de oxígeno hacia órganos y tejidos, mayor riesgo en personas con enfermedades cardiovasculares, dolor de cabeza, mareos, náuseas, estado de inconciencia e inclusive la muerte.
Benceno: dolor de cabeza, mareos, pérdida de conciencia, efecto crónico incluye carcinogénico, efectos en médula ósea, daño al sistema inmunológico y efectos teratogénicos.

Y sin alarmismo aquí están las cifras para México:
Banco Mundial: son 33 mil mexicanos los que mueren anualmente por enfermedades relacionadas con la contaminación.
Organización Mundial de la Salud: en 2010 fallecieron casi 15 mil mexicanos por padecimientos asociados a la polución.
Instituto Mexicano de la Competitividad: aproximadamente 20 mil mexicanos mueren anualmente por problemas de salud relacionados con la contaminación.

Como ha insistido la ONU-HABITAT sobre este complicado panorama mundial:
“Con mil millones de personas viviendo en barrios de tugurios, y miles que se les suman cada día, estamos, sin dudas, sentados sobre una bomba de tiempo social que funciona en silencio, en muchos puntos, superpoblados y asolados por la pobreza, de un mapa geopolítico ya preñado de problemas”.

De ahí que en México se haya considerado, desde hace tres años, que la trascendencia de llegar a resoluciones radicaba en enfrentar la problemática de la calidad del aire y otros temas ambientales en la zona centro de México, ante lo cual, en 2013, se consideró necesario incorporar en una Comisión Ambiental de la Megalópolis, a las entidades que intervienen en la generación de contaminación en la región y privilegiar la imparcialidad en la conducción de la política ambiental.

Con la vida de por medio
En aquel congreso politécnico se plantearon estimaciones de los efectos en la salud por partículas suspendidas (PM). A nivel global, aproximadamente el 3 por ciento de muertes por causas cardiopulmonares y 5 por ciento de cáncer de pulmón se atribuyen a PM1.
Además, el estudio de Carga por enfermedad 2010, atribuye a la contaminación del aire considerada como PM2.5 genera 3.1 millones de muertes y cerca del 3.1 por ciento de la pérdida de productividad total (medido a través de los años ajustados por discapacidad/enfermedad/mortandad global ajustada).

Y resalta: “muertes evitables por exposición crónica en 13 ciudades mexicanas en 2005 y 2010: 10 mil y siete mil 800, respectivamente. En el 2010, se habrían evitado 246 y cuatro mil 035 muertes en Toluca y Zona Metropolitana del Valle de México”.
No es todo. En términos económicos, la contaminación atmosférica representa el mayor porcentaje de los costos por degradación ambiental en el país, equivalente al 3.6 por ciento del PIB en el 2011, de acuerdo al INEGI en 2012.

El asunto es grave, porque, conforme la Evaluación sobre Carbono Negro y Ozono Troposférico, realizada por el PNUMA y otras iniciativas similares:
1- Las medidas de reducción de contaminantes de vida corta son complementarias y no remplazan a las medidas de reducción de bióxido de carbono. Las estrategias de corto y largo plazo son esenciales para la protección del clima.
2- Reducir los Contaminantes Climáticos de Vida Corta (CCVC) ahora disminuirá el ritmo del cambio climático dentro de la primera mitad de este siglo. La completa implementación de medidas, reducirá el calentamiento global en la cantidad de 0.5 °C.
3- Las medidas de reducción de emisiones enfocadas en CCVC pueden evitar 2.4 millones de muertes prematuras, especialmente de mujeres y niños y la pérdida de 52 millones de toneladas, 1.4 por ciento, de la producción global de maíz, arroz, soya y trigo cada año.
4- Reconocimiento del papel del metano como precursor de ozono, contaminante con serios efectos en el cambio climático, salud humana, productividad agrícola y conservación de ecosistemas, en particular bosques (servicios ambientales).

Conforme a la CAMe en dicho simposio, las estrategias de gestión para mejorar la calidad del aire en la megalópolis son: Fortalecimiento del monitoreo y difusión de la calidad del aire, actualización de inventarios de emisiones de contaminantes, establecimiento de Programas de Contingencias Ambientales Atmosféricas, implementación de zonas de baja emisión, homologación de los programas de verificación vehicular en la megalópolis.

Por cierto, la CAMe ha definido como visión que para 2018 todas las zonas metropolitanas y ciudades de la Megalópolis que así lo requieran, “contarán con un Programa para Contingencias Ambientales Atmosféricas (PCAA), con avisos para protección a la salud homologados y con acciones para reducir contaminantes específicos para cada caso específico.

Además, se ha definido la ruta crítica y los elementos necesarios para que cada ciudad y zona metropolitana de la megalópolis cuente con un PCAA.
Engendro que nos devora
Este es el tamaño del monstruo megalopolitano que nos flagela, atosiga y lacera:
*16 delegaciones políticas de la Ciudad de México: *60 municipios del Estado de México: *29 municipios de Hidalgo; *33 de Morelos, *22 de Puebla y 60 de Tlaxcala

 
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