La consulta ciudadana por el NAICM en Tlaxcala
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Tlaxcala, Tlax.
26/Oct/2018

EDITORIAL
 
Desde sus implicaciones y señalamientos legales y políticos hasta el valor social que pueda tener por el rumbo que tome la construcción o no del nuevo aeropuerto, la consulta que inició ayer en Tlaxcala marca sin duda un ejercicio de opinión que pocas veces se ha llevado a cabo. Los medios locales tomaron el pulso del primer día de la consulta y coincidieron en que la participación fue menor. 

Pese a la poca afluencia, sin duda, el carácter político de este proceso coloca al presidente electo, Andres Manuel López Obrador, en la medición de fuerzas que le dieron las urnas para mantener el proyecto del NAICM, a los empresarios y políticos en espera. 

Además otorga, aunque de manera indirecta y en poca medida, fuerza a la opinión ciudadana. Lo positivo es que, con la consulta, el gobierno federal electo bajó el tema a un nivel social que lo obligará a mantener en ese carácter con otros temas cuando asuma la presidencia y bajo el peso de los costos político-sociales si modifica este tipo de democracia basada en la consulta o el plebiscito.   

Se ha reiterado el carácter no oficial de la consulta porque no sigue la ruta legal para tener un peso como lo establecen las leyes en la materia y todas las formalidades del proceso, incluso se ha mencionado que en Oaxaca y Chiapas el número de mesas de consulta es mayor que en las ciudades del norte aunque eso de algún modo se entiende porque los estados del sur han padecido el despojo y las formas abruptas, aunque legales, del uso de las zonas comunitarias o ecológicas para impulsar megaproyectos. 

El contexto político y la consulta ciudadana marcan el buen inicio en la administración de AMLO y el criterio para futuras consultas, incluso sobre los megaproyectos que ha vislumbrado como tren maya y otras que deberán vincularse a la sociedad siguiendo el ejemplo del NAICM.   

Por otro lado se encuentra la opinión de los pobladores de Texcoco, agrupados en el Frente de Pueblos, que han rechazado desde su germen en pasados sexenios, el proyecto del nuevo aeropuerto; más allá de los criterios técnicos o financieros que nos sacan del análisis o la discusión de carácter formal, el proyecto se ajusta a otros tantos que han acarreado disparidades entre el progreso y la afectación ecológica y social, la opacidad y la corrupción y sobre todo, por la toma de decisiones sin consultar a los afectados ni a la ciudadanía. 

Y es que el efecto de la democracia no se agota en que un número considerable de ciudadanos elija a quien los va a representar, sino que este tipo de democracia siga un movimiento de retorno que obligue al funcionario electo a solicitar la opinión del grupo que representa. 

El caso de la consulta por el nuevo aeropuerto sin duda marcará un criterio y un precedente al que deberá ajustarse el presidente electo en los temas que tome su administración. 
 
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