(Memoria Crítica) Las profecías tlaxcaltecas y el fin del mundo
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Tlaxcala, Tlax.
14/Jun/2019

CULTURA
 
Anna Cortés.

Hace poco más de 500 años, la presencia de una niebla blanca muy clara que emanaba desde el oriente -tres horas antes de la salida del sol- sorprendió a los tlaxcaltecas. La niebla ascendía y volvía a aparecer al día siguiente espesa y brillante. 

Más tarde, allá por 1516 un remolino de polvo subió desde la Matlalcuéyetl hasta la punta del cielo. Los tlaxcaltecas creían que a través de ese remolino de polvo y de niebla que se levantaba cada amanecer bajaban los dioses, y eran para ellos las señales o augurios del fin del mundo.  

Estas señales se dieron entre uno y tres años antes de la llegada de los españoles en 1519, y acompañan a los otros ocho prodigios que los mexicas presenciaron y que están descritos en Historia de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo, hermosos por sí mismos como símbolos que auguraron la catástrofe

El primero fue la aparición de una "columna de fuego muy flamífera" que atravesó el cielo, parecida a la aurora de la mañana. El segundo, el incendio del templo de Huitzilopochtli ubicado en el barrio de "Tlalcateco"; aquel día las llamas subieron hasta los cielos y ni el agua, que fue mucha, pudo evitar que el templo se consumiera. 

También hace 500 años un rayo cayó recto hacia el templo de Tzonomosco donde adoraban a "Xictecutli". El templo o xacal se quemó debido a ese trueno que descendió del cielo sin lluvia, ni nubes negras concentradas encima de la ciudad, sin ruido ni rugido, tan solo una luz ardiente. 

El cuarto prodigio narrado por Diego Muñoz Camargo tiene que ver con la salida de cometas que iluminaron los cielos, y que corrían de occidente a oriente; la quinta señal del fin del mundo fue el hervidero de la laguna mexicana con olas que se levantaron para cubrir casi la mitad de la ciudad; el sexto se refiere a la mujer que con mucho llanto y grandes sollozos suspiraba "Oh hijos míos, ¿a dónde los podré llevar y esconder?". 

El séptimo, quizá es el mas bello de todos por su arquetipo, es el de los canoístas cazadores o laguneros de la laguna mexicana que cazaron un ave parda, extraña que nadie había visto. Sobre su cabeza tenía una diadema redonda de la forma de un espejo que reflejaba el cielo; en ella se podían ver las estrellas y el cosmos, y en ella se vaticinó la llegada de los españoles. 

Este tipo de Aleph es facinante y fatal: vida y muerte concentrada, todo y nada: la paradoja que no es más que el reflejo de nosotros mismos: la ambivalencia. 

Moctezuma que había visto en ese espejo a hombres bien formados en actitud belicosa marchando encima de caballos, dudó si se trataba de hombres o de dioses. El último prodigio, el octavo, fue el avistamiento de cuerpos con dos cabezas, hombres unidos a animales que llamaron tlacanctzolli

Todas estas visiones pronosticaron el fin del mundo prehispánico. Diego Muñoz Camargo así lo consigna cuando antepone el llamado divino de los nuevos hombres sobre los viejos, lo bueno sobre lo malo, la divino sobre lo demoniaco como opera la Razón occidental que nacía en ese siglo:

"...decían que había de venir el fin y que todo el mundo se había de acabar y consumir y que había de ser creadas otras nuevas gentes y venir otros nuevos habitantes del mundo". 

Sin duda, las historias sobre la conquista están cargadas de religiosidad cristiana y, por lo tanto, de una mística redentora, una visión occidental maniquea que vio en los indígenas las expresiones del diablo y en los conquistadores la cruzada divina.

Nada podría esperarse del contexto del siglo XVI que salía apenas de una Edad Media y que creó a sus propias brujas y demonios, herejes bajo el fuego de la inquisición y la institucionalización de la fe. 

Ese maniqueísmo de la época se puede leer en Muñoz Camargo:

"Como el demonio, enemigo del género humano, se vive tan apoderado de estas gentes, siempre las traía engañadas y jamás las encaminaba en cosas que acertasen, sino con cosas con que se perdiesen y se desatinasen. Y como nuestro Dios y sumo bien tuviese ya piedad y misericordia de tanta multitud de gentes, comenzó con su inmensa bondad a enviar mensajeros y señales del cielo para su venida".

Entre el contenido mítico y religioso de la llegada de los españoles se entrevé la cruzada divina que ya de por sí valida, desde la Razón y la fe occidental, cualquier tipo de acción contra los otros,cegados por la sin-razón del demonio y vueltos a la luz. 
 
Un pasaje de Historia de Tlaxcala presenta la lógica de un Moctezuma desesperado y confundido pero que, sin embargo, pinta a sus dioses que no pueden ser malos ni injustos:

"...si fuesen dioses decían ellos (los mexicas) no derribaran nuestros oráculos, y pues que los maltratan y derriban no deben de ser dioses, sino gentes bestiales y bárbaras, y pues que asní ofenden a nuestros ídolos ellos les darán el pago".
 
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