Los OPLES y su laberinto
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Espididión Conde Nieva
Tlaxcala, Tlax.
04/Jul/2019

ARTES Y CIENCIA
 

En la situación actual en que se somete a escrutinio el desempeño de las instituciones de todo orden en el país, recientemente se ha tocado el tema de desaparecer los Organismos Públicos Locales Electorales (Oples) en un apartado de lo que sería una reforma en la materia, derivada de los fenómenos observados en el reciente proceso electoral.

En los años transcurridos desde la muy cuestionada derrota de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 se hizo patente la inconveniencia mayúscula de que el aparato gubernamental, en papel de juez y parte siguiera conduciendo los procesos electorales del país. 

Precisamente intentando desaparecer esa larga historia de trampas, fraudes y manipulaciones del voto y los votantes, con la creación del Instituto Federal Electoral (IFE) se logró una dosis mínima de credibilidad y certidumbre, que no obstante fue necesario seguir perfeccionando para evitar que en los huecos de la legalidad que aparecían, se desarrollaran prácticas que hasta el presente enturbian la aceptación clara e indiscutible de los resultados. 

Nacionalmente personajes como Jorge Carpizo o Miguel Ángel Granados Chapa aportaron su prestigio para respaldar la naciente conformación del primer Instituto Federal Electoral, el todavía sonado IFE de nuestra credencial de elector. 

Localmente se siguió la misma idea y en el original organismo que se formó en Tlaxcala, por ejemplo, se convocó a conformarlo a personas reconocidas por su integridad que brindaron un buen desempeño y sin ninguna ambición política, una vez terminado su periodo, continuaron en sus labores normales.

¿En qué punto se perdió el camino que empezaba a recorrerse? Cuando los partidos políticos adivinaron que promoviendo a determinadas personas para integrar el consejo ciudadano estaban comprando el sentido de su voto en los frecuentes momentos de definición, también el ejemplo a nivel federal de ofrecer condiciones salariales equivalentes a las de los ministros de la SCJN volvió bastante apetecible pertenecer a esta élite que empezaba a formarse. 

No se conoce si localmente se estableció un esquema de remuneraciones parecido, pero al asignarles autonomía de gestión a los mismos, no es raro que la primera medida a tomar una vez integrados, resultara ser el fijarse ellos mismos sus percepciones. 

No resultaba raro asimismo, irnos dando cuenta de cierto grado de cooptación de las autoridades locales electorales por los gobernadores estatales. Un caso digno de relatar en el largo periodo transcurrido en el que Mariano González Zarur mantuvo ahorcado presupuestalmente al ITE en Tlaxcala, para suavizar cualquier cuestionamiento en su actuar, precisamente en el ejercicio en que debía organizarse para su relevo. 

Es también ampliamente conocida la postración que en Puebla se logró con Rafael Moreno Valle tanto del IEE como del tribunal electoral respectivo, con lo que se consiguió el triunfo de su esposa como gobernadora. Los lectores tal vez tengan datos de situaciones similares en otras entidades federativas que entonces redondearían el panorama de desconfianza que dio origen a proponer su desaparición y encargar lo referente a las elecciones locales a un INE que aumentaría su responsabilidad e influencia.

Así pues frente a la ganada condena de parte de los OPLE; fallada ya la medida de trasladar el nombramiento de sus consejeros por los congresos locales a la autoridad del INE, el resultado que aportan los hace dignos de las más graves sospechas de que no asimilan el objetivo de su creación y supervivencia. Si no atienden las luces rojas encendidas, tal vez empecemos a hablar de su irreparable desaparición.

 
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