La intermediación social
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Espididión Conde Nieva
Tlaxcala, Tlax.
18/Jul/2019

CARRUSEL DESTACADAS
 

Para el miércoles 17 de julio se anunció la movilización de organizaciones campesinas, para crear presión sobre la manera y alcance de los programas sociales que se aplican sin considerar el papel que tales organizaciones venían realizando, las cuales por un lado justificaban su existencia, mientras que por otro obtenían recursos que permitían una innegable holgura económica a sus dirigentes, además de una interlocución privilegiada muy útil para generar negocios y fuentes de ingresos tan cuantiosos como poco transparentes.

La situación presentada obliga a formularnos la pregunta que puede extenderse a los sociólogos en el sentido de ¿qué podemos sugerir a las múltiples representaciones constituidas como intermediarias sociales para justificar su pervivencia ahora que se contempla canalizar los beneficios de los programas sociales directamente a los beneficiarios? 

A riesgo de incurrir en una blasfemia, al ubicarnos en el ámbito cultural, el esquema de recurrir y constituirse como intermediarios, quizá estemos imbuidos por los signos de la religión católica que coloca a los santos como intermediarios de los favores divinos, sosteniendo así una costumbre que se prolongó en la práctica, de buscar apoyo de los cercanos al poder para alcanzar trámites favorables o acceder a servicios, que bien pudieron lograrse por vías normales y sin movilizar lo reconocido como las palancas.

Para no hablar hacia el vacío pensemos en algo concreto como Antorcha Campesina cuyos fines se reflejan en su denominación, misma que a efecto de ampliar su influencia  frente al sistema político del pasado reciente, ha evolucionado creando una rama llamada Antorcha Popular para extender su reconocido espacio rural hasta las áreas  marginadas de las zonas urbanas del país, en cuestión de meses ha quedado en lo que llaman los abogados, sin materia. 

Por igual podemos referirnos al catálogo extensísimo de siglas de centrales, federaciones, confederaciones y frentes que se habían convertido en verdaderas empresas de gestión, mismas que se anunciaban como eficientes mecanismos para “bajar” recursos contemplados en los programas del gobierno o desde los fondos que están disponibles en los organismos internacionales para los fines de desarrollo, que con su existencia persiguen. 

Cerrada la opción de obtener posiciones de negociación frente a la administración federal actual, pudiera enfocarse hacia  el paquete de recursos disponibles en las fuentes internacionales, los cuales además de limitados, exigen extensos y justificados estudios para ser asignados. Acaso entonces, el espacio de organización propia de las comunidades y la promoción de actividades productivas que  permitan el mejoramiento de las condiciones de bienestar de la población, sea una débil tabla de salvación.

En los tiempos de las reingenierías que en todos los ámbitos se vienen dando mediante  ajustes sustantivos, con extremada urgencia debe pensarse en compactar, reorientar, ajustar o desaparecer a este tipo de organizaciones sociales.  

Frente al panorama presentado de una ausencia comprobada de recursos públicos para el sostenimiento de las mismas, su existencia estará justificada cuando tal permanencia se logre sin la exigencia que por cada peso canalizado a través de ellas, un significativo porcentaje se diluya como costo de gestión y representación. 

No es estéril la confianza de que algunas, dados los altos y justificados fines de su existir, llenen los espacios de representación de segmentos sociales que en ocasiones merecen ser escuchados.  

 
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